martes, 17 de julio de 2012

EN MANOS DEL TRIFE

Reynaldo Mota Molina

La asquerosa forma con que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se ha propuesto retomar el poder de la presidencia de México —coacción, compra millonaria de votos, súper rebase de gastos de campaña, y lo que resulte del presunto contubernio con Grupo Financiero Monex, que incluye dinero de procedencia “desconocida”, y de Grupo Soriana, que involucra la participación de gobernadores priistas en la compra multimillonaria de despensas con dinero del erario público, además de inequidad en los medios de comunicación, proliferación de encuestas manipuladas, el operativo Ágora de Elba Esther Gordillo, entre otros elementos—, es apenas una muestra de lo que le espera a este país si Enrique Peña Nieto es ratificado por el TRIFE como ganador de la contienda presidencial después de la impugnación del Movimiento Progresista —PRD, PT, Movimiento Ciudadano— sobre el resultado de los comicios del 1 de julio.

Independientemente del resultado de dicha impugnación, lo demostrado por el PRI es alarde de la forma corrupta de su naturaleza que lo mantuvo en el poder por más de 70 años, con la cual provocó el hartazgo de la gente en el año 2000 y que hoy, doce años después, gracias a esas mismas prácticas corruptas, modernizadas, pretende entronizarse otra vez sobre el hambre y la pobreza de esa gente que él mismo produjo en algo más de siete décadas. La gente es olvidadiza —no toda por fortuna— o definitivamente, está muriendo de hambre y por eso se conforma con un mendrugo.

Los elementos probatorios de las múltiples irregularidades mencionadas integran el recurso de nulidad solicitado por los partidos del Movimiento Progresista para invalidar la elección presidencial. El Instituto Federal Electoral (IFE) cuenta con un plazo que concluye el martes 17 para integrar el expediente respectivo y posteriormente, rendir al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TRIFE) el informe circunstanciado que señala la ley con base en la Constitución Política mexicana.

Los principios rectores de los procesos electorales que establece nuestra Carta Magna son: equidad, autenticidad y libertad de elección, basados en el sufragio igualitario y universal con votación secreta, que asegura la expresión libre de la voluntad de los votantes, por tanto, el TRIFE deberá apegarse al criterio de causalidad de invalidez de elecciones por violación de principios constitucionales, que ya ha aplicado en casos de elecciones municipales de Acapulco y Morelia, por ejemplo, de comprobarse irregularidades en al menos 25 por ciento de la totalidad de las casillas, conforme a lo que señala la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en Materia Electoral. O, en su defecto, en su resolución definitiva, declarar la invalidez de la elección, si en su análisis de la integralidad del proceso descubre que éste, en efecto, estuvo viciado por un conjunto de factores que comprometieron su autenticidad y la legitimidad de la elección presidencial, de acuerdo con los análisis de los especialistas en materia electoral.

Ciertamente, invalidar la elección presidencial es algo nunca visto en nuestro país, como tampoco se había visto un fraude electoral de la magnitud del cometido por el PRI. El TRIFE tiene una responsabilidad histórica, mucho más allá del sometimiento institucional y la proclividad del magistrado presidente Alejandro Luna Ramos y la magistrada María del Carmen Alanís, hacia el PRI. No bastará con una sanción económica; los magistrados serían responsables de lo que pueda suceder con la inconformidad creciente —hasta ahora pacífica pero enérgica— de millones de ciudadanos que repudian la imposición de Peña Nieto por parte del PRI y de los poderes fácticos.

En la disputa están involucrados más de 50 millones de mexicanos que acudieron a las urnas con repercusión para 112 millones de la población nacional. Como dice el analista Miguel Concha: El TRIFE “debe agotar todas las herramientas legales a su alcance para profundizar en la construcción de elementos, evidencias y criterios que sean sólidos e inobjetables no sólo para los siete magistrados, sino para todos los mexicanos. No puede limitarse a actuar como un consejo distrital más, ni siquiera como el IFE. Sus atribuciones constitucionales le permiten ir más allá en beneficio de los votantes, y sobre todo del país”. Tiene de plazo hasta el 6 de septiembre de este año.

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