lunes, 4 de octubre de 2010

NARCOINSURGENCIA

Reynaldo Mota Molina

Todo el mundo lo sabe menos Felipe Calderón, y es el sabio dicho popular, “no se puede tapar el sol con un dedo”. Aquel berrinche por los señalamientos de Hillary Clinton, la jefa del Departamento de Estado norteamericano, en el sentido de que la violencia en México alcanza "una red bien organizada, la amenaza del narcotráfico, que en algunos casos se transforma en, o asocia con lo que consideramos como insurgencia en México y Centroamérica", y que “lo que pasa en suelo mexicano se parece a la Colombia de los ochenta”, son ratificados por diversas instancias del gobierno estadounidense incluyendo el Senado, la Secretaría de Seguridad Nacional y el FBI —que algo saben de estas cosas— que por la violencia cotidiana en su frontera sur parece ser que por fin, están encendiendo las luces de alerta y parecen decididos a combatir en serio el tráfico de armas de fuego.

Y es que el concepto de narcoinsurgencia o insurgencia criminal, como ellos le llaman, es cada vez más evidente. Hasta hace un par de años nadie esperaba que la insurrección pudiera gestarse en un ámbito distinto al social, generalmente las clases media y popular, en donde hacen mella directamente los efectos del mal gobierno. Así sucedió en 1810; así sucedió en 1910.

Debido a la “guerra” declarada por Felipe Calderón Hinojosa al narcotráfico en forma improvisada y sin estrategia desde que asumió el poder, poniendo al frente al Ejército, a la Armada y a las Fuerzas de Seguridad, sin coordinación alguna ni objetivos precisos, los cárteles de la droga han reaccionado en forma beligerante y sanguinaria mediante una orgía de violencia inaudita tomando a la sociedad como rehén en prácticamente todo el territorio nacional y han sentado sus reales en diversos municipios y poblaciones de Chihuahua, Tamaulipas, Nuevo León, Michoacán, Sinaloa, Guerrero y otros estados de la República mexicana, desplazando a las autoridades municipales, sobre todo en los estados fronterizos, en donde éstas han preferido huir a enfrentar la violencia y poder de los narcoinsurgentes, así llamados, puesto que se trata de un franco levantamiento y desafío en contra de las autoridades municipales, estatales y federales.

La brutal disputa por la predominancia de los distintos cárteles en los municipios y estados más estratégicos ha sido atizada por el sesgo a favor del cártel de Sinaloa que comanda Joaquín El Chapo Guzmán, del que el gobierno de Felipe Calderón ha sido constantemente acusado por los mismos narcotraficantes.

La ingobernabilidad es una situación real en varios municipios y poblaciones como Ciudad Juárez, Chihuahua, en donde empresarios, comerciantes y hasta medios de comunicación, como El Diario local, han tenido qué negociar con el crimen organizado para subsistir. El 19 de septiembre dicho diario publicó un patético editorial después del asesinato del reportero gráfico Luis Carlos Santiago Orozco: “Señores de las diferentes organizaciones que se disputan la plaza de Ciudad Juárez”…“qué es lo que quieren de nosotros, qué es lo que pretenden que publiquemos o dejemos de publicar, para saber a qué atenernos”…“Ustedes son en estos momentos, las autoridades de facto en esta ciudad, porque los mandos instituidos legalmente no han podido hacer nada para impedir que nuestros compañeros sigan cayendo, a pesar de que reiteradamente se lo hemos exigido”…“Esta no es una rendición. Como tampoco significa que claudicamos al trabajo que hemos venido desarrollando. Se trata de una tregua para con quienes han impuesto la fuerza de su ley en esta ciudad, con tal de que respeten la vida de quienes nos dedicamos al oficio de informar”.

La posición de El Diario puede ser cuestionable, pero es un reflejo crudo de la realidad que vive México. Además, El Diario no es el único que ha pretendido negociar con los criminales; otros también lo hacen…

¡¡DOS DE OCTUBRE NO SE OLVIDA!!
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