jueves, 1 de enero de 2009

DEPREDADORES DEL PATRIMONIO NACIONAL

Por Lic. Reynaldo Mota Molina

Una evidencia más de que los encargados de salvaguardar el patrimonio histórico y cultural de los mexicanos son los primeros depredadores de éste en aras de la corrupción y la irresponsabilidad que invaden al gobierno de México, es la nueva agresión a TEOTIHUACAN —Patrimonio Cultural de la Humanidad. UNESCO 1987— al dañar, en forma irreversible, las pirámides del Sol y de la Luna con la instalación de 6 mil 730 luminarias para las cuales hasta ahora se han realizado más de 8 mil perforaciones e instalado taquetes y tornillos, estructuras de aluminio, luminarias y cableado, que al mismo tiempo tratan de disimularse con placas de fibra de vidrio.

Basado en que “hoy el patrimonio teotihuacano es destruido para reactivar un espectáculo que beneficiará sólo a unos cuantos y dañará irreversiblemente la imagen de las estructuras que son motivo de orgullo de los mexicanos”, el Congreso de la Unión dirigió un exhorto al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para suspender los trabajos que afectan la zona arqueológica de la Ciudad Sagrada con el proyecto de visitas nocturnas de luz y sonido llamado Resplandor Teotihuacano impulsado por Enrique Peña Nieto, gobernador del EdoMex, el propio INAH y las Secretarías de Turismo estatal y federal, auspiciado por el gobierno de Felipe Calderón, sin embargo, las obras no han sido detenidas. La justificación banal y trillada de Peña Nieto es lo de siempre: “Lo importante es que (el proyecto) nos pondría a la altura de otros centros que hay en el mundo, con un espectáculo de luces que lo hace mas atractivo e interesante y sin duda generaría mayores ingresos, una mayor derrama de divisas que llegan a nuestro país…” bla, bla, bla.


La propuesta original tenía el nombre de “Teotihuacan, centro del universo”, pero tal vez les pesó demasiado y ahora se llama "Esplendor Teotihuacano". A lo largo de dos años el proyecto cambió otros muchos detalles hasta que fue avalado por el Consejo de Arqueología y la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH —con dinero baila el perro, dice el sabio dicho popular—. Contemplaba la estupidez de instalar carritos que recorrerían el Miccaotli o Calzada de los Muertos y la adaptación del museo de sitio como un gran palco, sin embargo, sobrepusieron las llamadas “capas de sacrificio”, que nunca existieron, y la instalación de una grada metálica para 520 personas. Académicos que conocen el proyecto argumentan que no existe un guión o algún sustento académico en el contenido del mismo.


Su realización está a cargo del empresario Fernando Morett, productor de programas especiales de Televisa, y del Grupo Mundo de Jack Misrachi, en colaboración con el Patronato “Amigos” de Teotihuacan.


Investigadores y académicos del INAH, pertenecientes a la delegación sindical D-III-IA1, alertaron sobre “la destrucción al patrimonio y violación a la ley” en que incurren los trabajos en la Ciudad Sagrada por parte de las instancias del gobierno. “Es violatorio del decreto presidencial de 1988 mediante el cual se declara a Teotihuacan como zona de monumentos arqueológicos”. Plantearon, además, que dichos trabajos violan las disposiciones de la Ley General de Bienes Nacionales, la Carta de Venecia, la Declaratoria de Patrimonio de la Humanidad emitida por la UNESCO, el documento de Nara sobre autenticidad y la Declaratoria de Xi’an sobre la conservación del entorno de las estructuras, sitios y áreas patrimoniales.


Pero además, están en las fauces de los depredadores las zonas arqueológicas de Chichen Itza y Palenque, así como los sitios prehispánicos de Xochicalco, Ahuizotla y Chalchihuites que, según Laura Pescador, coordinadora nacional de Arqueología del INAH, se están generando esquemas de planeación regional para articular circuitos y ofrecer servicios ex profeso para los visitantes.


La pregunta es: ¿Por qué somos tan indiferentes a la destrucción de nuestro patrimonio histórico y cultural?

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