martes, 16 de marzo de 2010

REBELIÓN DE LOS DESCONTENTOS

Reynaldo Mota Molina

La inconformidad y el descontento de muchísimos mexicanos —tal vez millones— por la terrible situación que vive el país, que es la suma de las crisis acumuladas de diversa índole como la económica, la social, la política, la de inseguridad, la narcoviolencia, la corrupción, la impunidad, etcétera, va cada día en aumento y se percibe en todas partes, no se ve pero se siente, está allí, en la opinión crítica a las acciones y omisiones del gobierno en cualquiera de sus tres niveles, a la injusticia, a la insultante desigualdad social que lo mismo tiene al hombre más rico del mundo en la persona del empresario Carlos Slim Helú —según Forbes— como a la creciente pobreza de la población cuya economía es una de las 13 peores del mundo, según el Banco Mundial; a la violación sistemática de los derechos humanos, a la simulación de libertad de expresión, a la corrupción y cinismo de los políticos, al despilfarro de los recursos públicos en gastos de publicidad inútil de los órganos de gobierno, a la falta de atención a las necesidades más elementales de la población, a la irrefrenable alza de precios empezando por la de las gasolinas, diesel y gas, así como el aumento de los impuestos a los contribuyentes cautivos no favorecidos, a la incapacidad del gobierno federal para resolver o cuando menos afrontar las crisis que aquejan al país, en una palabra, al desgobierno de Felipe Calderón.

La rebelión de los descontentos es un hecho, se encuentra en todas partes: en la calle, en los centros de trabajo, en la hora de la comida, en el café, en la Internet, en ciertos medios de comunicación con ciertos periodistas, en el análisis de los especialistas en asuntos políticos, económicos o sociales, en fin, todos constituyen una red que, si bien, no está orquestada ni dirigida por nadie en particular, la articula precisamente el mismo desgobierno con sus acciones y omisiones. Los procesos electorales que están en puerta serán testigos nuevamente de esta insurrección ciudadana mediante un despliegue mayor a favor del voto nulo.

El encaramiento de doña Luz María Dávila, madre de dos de los 16 jóvenes asesinados en Ciudad Juárez el 30 de enero, a Felipe Calderón, y la incapacidad de respuesta de éste, ha dado lugar a marchas y foros en donde la voz popular reclama a las autoridades: “Basta de una guerra que no queremos. Basta de mentiras. No queremos canjear nada por vida”. “No puede haber reconstrucción sin justicia, porque la impunidad seguirá llenando de sangre nuestras calles. No puede haber reconstrucción arrebatándonos a nuestros hijos. No puede haber reconstrucción en el marco de una vida secuestrada y sin libertades. La única plataforma de convivencia y reconstrucción es la justicia”. “Se trata de una guerra que está afectando a los estratos pobres de la población, pero lo curioso, es que no mueren los narcoempresarios, no mueren los políticos coludidos con el crimen”. “Esa es una aberración, y no podemos seguir esperanzados a que estos inútiles vengan a darnos justicia”. Ciudad Juárez “ha sido sepultada con cada uno de sus muertos; es un cadáver. La han masacrado, producto de la “militarización”. Perla de la Rosa, representante de la Red de Ciudadanos SOS Juárez, recordó que en el 2007 se registraron aproximadamente 300 asesinatos; en 2008, con la ocupación de las fuerzas armadas las víctimas sumaron 1601; en 2009, se asesinaron 2637 vidas. “El diagnóstico es uno: impunidad. En Juárez se mata porque se puede”.

Las acciones equivocadas o deliberadas del gobierno constituyen agravios y agresiones al pueblo mexicano como sucede en Juárez y ha sucedido en Cananea, Atenco, Oaxaca, Chiapas, etcétera, y alimentan la insurrección popular que de diversas formas es cada vez más manifiesta, mientras el gobierno calderonista permanece insensible, aparentemente indiferente, pero presto a la represión.
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